El cáncer de mama constituye un problema de salud
pública de la mayor trascendencia. Cada año se
diagnostican en el mundo más de un millón de casos
de esta enfermedad y fallecen por esta causa 548 mil
mujeres.1 El perfil de esta epidemia, sin embargo, está
cambiando. Habiendo surgido en las regiones más de-
sarrolladas del planeta, ahora está afectando de manera
creciente a las mujeres de los países de menores recursos.
Hoy, más del 55% de las muertes por cáncer de mama se
presentan en los países de ingresos bajos y medios.2 En
2020, alrededor de 70% de los casos de esta enfermedad
se presentarán en el mundo en desarrollo.3
Los cambios demográficos y en los estilos de vida
que se produjeron en las últimas décadas en la mayoría
de los países de Asia, África y América Latina modi-
ficaron la exposición de sus poblaciones a los riesgos
asociados al cáncer en general y al cáncer de mama en
particular. La ampliación del acceso a servicios sanitarios
y agua potable, las mejoras en la nutrición y el incremen-
to en las coberturas de vacunación, entre otros factores,
dieron lugar a un descenso de la mortalidad infantil que,
a su vez, dio origen a una disminución de la fecundidad
y un aumento de la expectativa de vida. Entre 1965 y
2005 la esperanza de vida al nacer en los países en vías
de desarrollo se incrementó de 50 a 65 años. Esto ha
hecho que las mujeres de estos países estén alcanzando
edades en las que es más común desarrollar cáncer de
mama. A esto habría que agregar el acelerado proceso
de urbanización que se está presentando en estos rinco-
nes del mundo, que se asocia a cambios en los patrones
de reproducción y vida. Al igual que en las naciones
desarrolladas, las mujeres de los países de menores in-
gresos están posponiendo para edades más avanzadas
el inicio de la maternidad, están teniendo menos hijos
y ya no se muestran tan dispuestas a amamantar como
las mujeres de las generaciones previas, factores todos
ellos que influyen en el desarrollo del cáncer de mama.
El sedentarismo y el consumo de alimentos de bajo valor
nutricional, además, están produciendo serios proble-
mas de sobrepeso y obesidad que también incrementan
el riesgo de sufrir este padecimiento.
En América Latina y el Caribe esta epidemia tiene
una presencia conspicua. Las tasas de mortalidad por
cáncer de mama han aumentado en la gran mayoría de
los países de esta región desde hace por lo menos 40
años.4 Se calcula que en esta parte del mundo se diag-
nostican alrededor de 100 mil casos anuales de cáncer
de mama y que por esta causa fallecen al año 35 mil
mujeres.2
En México la mortalidad por cáncer de mama se
duplicó en los últimos 20 años y en 2006 esta enfermedad
se convirtió en la segunda causa de muerte en mujeres de
30 a 54 años de edad y en la primera causa de defunción
por cáncer en mujeres en general.5 Ese año se produjeron
en nuestro país 4 451 decesos por cáncer de mama, uno
cada dos horas.
Por desgracia, la expansión de esta enfermedad
en los países en vías de desarrollo no se ha acompaña-
do de un crecimiento concomitante de su detección y
tratamiento. En la mayoría de estos países existe poca
conciencia de esta epidemia, no se dispone de suficientes
servicios de detección temprana y no se cuenta con los
recursos humanos ni con el equipo y los insumos clínicos
necesarios para hacerle frente de manera efectiva. Por
lo mismo, la mayoría de los casos se detectan en fases
avanzadas,5 cuando la probabilidad de sobrevivencia
a 5 años con tratamiento es menos de 30%;6 los costos
para las mujeres, sus familias y el sistema de salud son
los más altos, y los tratamientos son más difíciles, más
invasores y menos eficaces.
Junto a estas preocupantes realidades hay también
motivos para la esperanza. En los países desarrollados, a detección temprana y el tratamiento oportuno han
disminuido el número anual de muertes por cáncer de
mama. En estos países aproximadamente 60% de los
casos de esta enfermedad se diagnostican en sus etapas
iniciales.6 Su incidencia también parece estar disminu-
yendo en algunos de ellos. En Estados Unidos es un
hecho que la tasa de casos nuevos se está reduciendo,
al parecer como resultado de la declinación del uso de
la terapia hormonal de reemplazo.7
Estas exitosas experiencias han facilitado el surgi-
miento de propuestas que buscan controlar el cáncer
de mama en los países en vías de desarrollo. Destacan
entre ellas los “Lineamientos para la Promoción de la
Salud y el Control del Cáncer de la Mama”, promovidos
por la Iniciativa Global de Salud de la Mama (BHGI por
sus siglas en inglés), una alianza en la que participan
instituciones académicas, sociedades profesionales,
organismos multilaterales, organizaciones filantrópicas
y empresas farmacéuticas.8 Estos lineamientos, que
pueden adaptarse al nivel de desarrollo y a las condi-
ciones culturales de los países, enfatizan sobre todo la
detección temprana, el tratamiento oportuno y el diseño
de programas integrales de salud de la mama.
En México ha habido avances recientes en estos
rubros gracias a los esfuerzos que ha desarrollado
la Secretaría de Salud en colaboración con las otras
instituciones del sector. Estos esfuerzos se han visto
enriquecidos con iniciativas que desde hace décadas
realizan diversas organizaciones de la sociedad civil.
Dentro de sus resultados sobresale el incremento de la
cobertura de la mamografía en mujeres de 40 a 69 años
de edad, que pasó de 12.6 a 21.6% entre 2000 y 2006.5,9
Cabe mencionar también la reciente incorporación
del cáncer de mama al grupo de enfermedades cuyo
tratamiento puede financiarse con el Fondo de Protec-
ción contra Gastos Catastróficos del Seguro Popular
de Salud. Esta disposición beneficiará en particular
a las mujeres de las familias más pobres del país, que
al no contar con recursos financieros ni con un seguro
de salud no podían acceder a este tipo de servicios. Es
importante señalar, además, que dado el nivel de co-
bertura que ya ofrecían las instituciones de seguridad
social, esta medida garantizará el tratamiento integral
en México de toda mujer diagnosticada con este tipo
de cáncer.
La magnitud del reto, sin embargo, obliga a redo-
blar esfuerzos. Los países más rezagados en la atención
del cáncer de mama inevitablemente tendrán que
empezar a movilizar recursos para instalar servicios
de detección y tratamiento. Las naciones que, como
México, ya cuentan con iniciativas en esta materia, se
verán obligados a fortalecerlas y ampliarlas.
Ya sea que se trate de poner en marcha un nuevo
programa o de extender el alcance de los ya existentes,
hay tres medidas que parecen indispensables: i) sensi-
bilizar a la población sobre la creciente importancia de
este problema; ii) reconocer en la detección temprana
la clave del control de esta enfermedad, y iii) luchar
contra las barreras culturales que impiden su abordaje
racional.
El papel de la información no debe menospreciarse.
Los ciudadanos necesitan conocer los riesgos a los que
están expuestos para actuar en consecuencia. Los pro-
veedores de servicios de salud deben estar al tanto de
los detalles de esta epidemia para poder enfrentarla con
las mejores herramientas disponibles. Los investigado-
res deben saber que hay vacíos de conocimiento que es
imperativo atender para generar mejores tecnologías y
prácticas en materia de promoción de la salud, atención
clínica y comunitaria, y diseño de programas y políticas.
Finalmente, los tomadores de decisiones deben contar
con información confiable que les permita ubicar el cán-
cer de mama en el lugar prioritario que le corresponde
en la agenda de salud y asignarle los recursos que su
atención requiere.
La clave del control del cáncer de mama es la de-
tección temprana. Por más amplia que sea la cobertura
de las intervenciones curativas, este padecimiento sólo
podrá controlarse si se implementan las medidas nece-
sarias para detectarlo en sus etapas iniciales. Esto obliga,
entre otras medidas, a diseñar iniciativas para impulsar
decididamente el entrenamiento de los profesionistas
de la salud en una exploración clínica competente y
respetuosa que sea ingrediente indispensable para
promover acciones desde la atención primaria y para
reforzar la práctica de la autoexploración de mama entre
las mujeres. Así mismo, es preciso ampliar la oferta de
los servicios de mastografía; utilizar la telerradiología
como instrumento de eficiencia y calidad; fortalecer
los programas de formación de médicos y técnicos
radiólogos, y diseñar campañas para asegurar que las
mujeres mayores de 40 años se sometan a mamografías
periódicas. En México, los pasos clave incluyen la capa-
citación y concientización del cuerpo de profesionistas
de la salud en el examen clínico de mama, el aumento
en la cobertura de la mamografía hasta llegar a toda
mujer que la necesite, y la incorporación de la detección
temprana del cáncer de mama en el rubro de servicios de
la salud a la comunidad para así ofrecerla gratuitamente
a todas las mujeres, incluyendo las que aún no cuentan
con la cobertura del Seguro Popular. Esto último garan-
tizará que los costos del diagnóstico no representen una
barrera financiera que impida la detección temprana de
la enfermedad.
Los obstáculos más difíciles de sortear son los de índole cultural. No es infrecuente que a las mujeres con cáncer de mama se les considere disminuidas en su femineidad. Temerosas de ser abandonadas por sus cónyuges al descubrirse enfermas, muchas mujeres se niegan acudir al médico o someterse a los tratamientos requeridos. Por estas razones, los programas de cáncer de mama en los países en vías de desarrollo deben tam- bién combatir la ignorancia, hacer frente al estigma, y luchar contra la discriminación y el machismo. El men- saje debe ser claro: las mujeres son más que una parte de sus cuerpos. Junto al cáncer de mama hay otro cáncer, un cáncer social, el cáncer del estigma, la discriminación y el machismo.
Los obstáculos más difíciles de sortear son los de índole cultural. No es infrecuente que a las mujeres con cáncer de mama se les considere disminuidas en su femineidad. Temerosas de ser abandonadas por sus cónyuges al descubrirse enfermas, muchas mujeres se niegan acudir al médico o someterse a los tratamientos requeridos. Por estas razones, los programas de cáncer de mama en los países en vías de desarrollo deben tam- bién combatir la ignorancia, hacer frente al estigma, y luchar contra la discriminación y el machismo. El men- saje debe ser claro: las mujeres son más que una parte de sus cuerpos. Junto al cáncer de mama hay otro cáncer, un cáncer social, el cáncer del estigma, la discriminación y el machismo.
El reto que representa esta epidemia no es menor.
Son muchos los recursos que deben movilizarse y es
largo el camino que tendrá que recorrerse para alcan-
zar los objetivos deseados. No hay tiempo que perder.
Ésta no es sólo una lucha contra una enfermedad, sino
también una lucha por la dignidad de las mujeres.
Julio Frenk*
Julio Frenk*
Referencias
1. World Health Organization.WHO Fact Sheet 297: Cancer. Geneva: WHO, 2008.
2. Porter P.“Westernizing” women ́s risks? Breast cancer in lower-income countries. N Engl J Med 2008;358(3): 213-216.
3. Kingsbury K.The changing face of breast cancer.Time 2007; October 4 (Disponible en: www.time.com/time/specials/2007/article/0,28804,166608 9_1666563_1668477,oo.html. Consultado el 14 de enero de 2009)
4. Robles SC, Galanis E. Breast cancer in Latin America and the Caribbean. Rev Panam Salud Publica 2002;11(3): 178-185.
5. Knaul FM, Nigenda G, Lozano R, Arreola-Ornelas H, Langer A, Frenk J. Breast cancer in Mexico: a pressing priority. Reproductive Health Matters 2008;16(32):113–123. [Versión en español disponible en este mismo número: Knaul FM, Nigenda G, Lozano R, Arreola-Ornelas H, Langer A, Frenk J. Cáncer de mama en México: una prioridad apremiante. Salud Publica Mex 2009;51Supl2].
6. American Cancer Society. Breast cancer facts and figures 2007-2008. Atlanta:American Cancer Society, 2007
7. Ravdin M, Cronin KA, Howlader N et al. The decrease in breast cancer incidence in 2003 in the United States. N Engl J Med 2007;356(16): 1670- 1674.
8. Breast Health Global Initiative. Guidelines for International Breast Health and Cancer Control – Implementation. Cancer 2008;113(S8): 2215-2371.
9. Secretaría de Salud. Salud: México 2001-2005. México, DF: Secretaría de Salud, 2006.
1. World Health Organization.WHO Fact Sheet 297: Cancer. Geneva: WHO, 2008.
2. Porter P.“Westernizing” women ́s risks? Breast cancer in lower-income countries. N Engl J Med 2008;358(3): 213-216.
3. Kingsbury K.The changing face of breast cancer.Time 2007; October 4 (Disponible en: www.time.com/time/specials/2007/article/0,28804,166608 9_1666563_1668477,oo.html. Consultado el 14 de enero de 2009)
4. Robles SC, Galanis E. Breast cancer in Latin America and the Caribbean. Rev Panam Salud Publica 2002;11(3): 178-185.
5. Knaul FM, Nigenda G, Lozano R, Arreola-Ornelas H, Langer A, Frenk J. Breast cancer in Mexico: a pressing priority. Reproductive Health Matters 2008;16(32):113–123. [Versión en español disponible en este mismo número: Knaul FM, Nigenda G, Lozano R, Arreola-Ornelas H, Langer A, Frenk J. Cáncer de mama en México: una prioridad apremiante. Salud Publica Mex 2009;51Supl2].
6. American Cancer Society. Breast cancer facts and figures 2007-2008. Atlanta:American Cancer Society, 2007
7. Ravdin M, Cronin KA, Howlader N et al. The decrease in breast cancer incidence in 2003 in the United States. N Engl J Med 2007;356(16): 1670- 1674.
8. Breast Health Global Initiative. Guidelines for International Breast Health and Cancer Control – Implementation. Cancer 2008;113(S8): 2215-2371.
9. Secretaría de Salud. Salud: México 2001-2005. México, DF: Secretaría de Salud, 2006.
No hay comentarios:
Publicar un comentario